viernes, 5 de mayo de 2017

NO HAY DÍA...



No hay un solo día que no te quiera, 
que no se mueran mis besos por los tuyos, 
que mis brazos no deseen abrazarte...

No hay un día que mi corazón 
no se encoja por sentirte 
y apresure su latido por mirarte.

Tu destino y el mío serpentean, 
son dos barcas que arrastra la corriente 
continua desde oriente hacia occidente. 

No hay un solo día que no te piense, 
que no se muera mi boca por nombrarte 
y mis ojos no estén tristes por no verte.

Ni uno solo que no vivas en mi mente, 
que mis pies no vuelen a tu encuentro. 
Mis manos, sueñan con agarrarte 
y que ya nunca te sueltes.

Airam E. M.

viernes, 28 de abril de 2017

NACE LA NOCHE...



Nace la noche
cubierta de silencio negro,
de ternura tibia,
de deseo intenso.

Nace poco a poco
y te va envolviendo
con su blanca luna
de rostro sereno...
con su olor a olvido,
con su eterno sueño.

Vive entre las sombras
que se van meciendo
en el suave canto
que les trae el viento.

Nace en lo profundo
de tus ojos quietos,
de mi amor herido,
de mi amargo miedo.

Nace empapada en sollozos,
crece escondiendo secretos,
vuelve de estrellas bordada
y de lejanos luceros.

Vive 
cuando muere el día
y al alba...
se va muriendo.

Airam E. M.

SIEMPRE TE QUIERO...



Yo a ti te quiero sin peros, y con los contra.
Te quiero a ratos y en algún momento.
Te quiero mientras bostezo
y me aseguro de quererte cuando sueño.
Te quiero cuando despierto,
cuando te duermes.
Te quiero cuando tu despiertas
y yo me quedo dormida...
Cuando te vas y cuando vienes.
Te quiero cuando me ignoras.
Te quiero cuando me buscas.
Te quiero cuando tu no te quieres...
cuando te ríes,
cuando lloras, cuando te agotas, te hundes y te aturrullas.
Te quiero cuando no te veo,
cuando no te siento.
Te quiero cuando te pienso,
te quiero cuando no piensas.
Yo te quiero de cualquier manera,
incluso cuando me dejas...

Airam E. M.


LA VIDA...



La vida como un suspiro
entre el murmullo fresco de las cristalinas voces.

Miradas perdidas en el lejano y oscuro,
en el confuso horizonte,
que se desvanece en lo infinito,
en lo impalpable,
en lo imposible,
y se desliza frío y pálido,
sin encontrar un sentido.

Curvas monótonas,
rectas continuas,
dormidas en la lentitud insípida
de la triste y tímida angustia del silencio.

Silencio que se extingue
dando lugar al sonido agudo
del insaciable viento
que te recorre.

Sombras de la noche bajo tus pies,
que siguen sigilosas tu cuerpo
y hacen temblar tu alma.

Y el sueño...
el sueño del despertar constante
a la realidad impensable del mañana,
que hoy se pierde
en el hueco vacío de las mentes.

Airam E. M.


lunes, 6 de marzo de 2017

ACTIVIDADES PARA MAÑANA:


ACTIVIDADES PARA MAÑANA:

Despertar agradecida;
por despertar,
por soñar,
porque existes,
porque lo sé,
porque siento profundamente,
porque me mueve la pasión,
porque en mi pecho arde la esperanza.

Vestirme de ilusión;
para seguir con mi vida,
para luchar por lo que vale la pena,
para imaginar que todo se puede,
para maravillarme de lo que pase,
para suspirar porque sucedió,
para creer que aún falta lo mejor,
para que sonreír siga siendo la llave.

Airam E. M.

(Imagen pintada por mi en acuarela)

miércoles, 22 de febrero de 2017

SENTIRSE EMIGRANTE...




Necesité irme lejos, muy lejos, cuanto más, mejor. 
Olvidarme de todo, pero de verdad. 
Poner tierra de por medio y sepultar recuerdos.
Necesitaba no sentir, no ver, no pensar. 
Hacer mil cosas nuevas por primera vez en mi vida. 
Sorprenderme a cada minuto con mis descubrimientos. 
Necesitaba que nadie me conociese y no conocer a nadie. 
Que todo fuera nuevo ante mis ojos y desprenderme de la sensación de ser yo, aunque doliera.
Necesitaba añorarte.
Necesitaba que todo lo que tuviese que ver contigo fuese gris y difuso. 
Que no latieras en mí, ni corrieras por mi sangre.
Necesitaba necesitarte.
Necesitaba saber si sabría vivir sin ti eternamente. 
Saber si podría respirar sin tu aire, dormir sin que me acurrucaran tus brazos, despertar sin tu escandaloso silencio.
Y lo hice. Me fui. Me alejé, me desprendí de todo y viví ausente de lo tuyo.
Te sentí lejana y transparente, difusa y confusa en mi mente con el paso del tiempo.
Te sentí entonces indiferente a mi partida, y deseé con toda mi alma volver a besarte, y que me acogieras y me dieras el calor que no hallaba, fuese donde fuese. 
Me sentí huérfano, solitario, perdido, descastado, frío, funesto, desesperado, ansioso totalmente de abrazarte y que me inundaras con tu aroma de siempre.
Y no quise ya más nunca abandonarte, ni dejar el camino de tu suerte.

Airam E. M.


domingo, 12 de febrero de 2017

EL CAMINANTE...





Se reía de todo y de todos, de la vida, de la locura, de la soledad, de la muerte...
No se dejaba conocer fácilmente, ni tenía amigos de esos de toda la vida, de los que tienen antigüedad, ni los buscaba. 
Tan solo pasaba temporadas en unos sitios y en otros, sin compromiso, un día aquí, dos allí, una semana acullá y otra vez en marcha.

Aparentaba unos treinta y tantos y sus facciones eran agradables de ver, aunque no era lo que se dice guapo. No era ni alto, ni bajo, ni gordo, ni flaco, ni rubio, ni moreno.
Llevaba el pelo largo y desgreñado y sus ropas no respondían a moda alguna, cogía lo que se encontraba por ahí, lo que podía y se lo ponía, sin reparos, sin escrúpulos. Si era invierno pues intentaba agenciarse algo que le protegiera durante esos meses, porque no habría muchos cambios de ropa en ese tiempo, ni duchas que no fueran una lluvia que le cogiera desprevenido. Solía llevar abrigos de lana, gorro, guantes, botas militares, todo lo que le ofrecían le venía bien. No era exactamente un vagabundo, era, un caminante sin rumbo, un alma perdida a la que nadie encontraba, ni buscaba.

En su mochila llevaba metidos sus enseres de uso particular, era su compañera inseparable, negra, grande y ajada por el tiempo y el uso.
Hacía trabajos que ninguna persona del lugar quería hacer en los pueblos a su paso, recogía cartones, limpiaba estercoleros, cuidaba gorrinos en naves inmundas, vaciaba alcantarillas hediondas... y todo ello a cambio de lo que le ofrecieran, sin exigencias, sin contratos, le bastaba con sacar para comer  y buscar donde pasar la noche sin morirse de frío por las heladas. En algunos sitios ya le conocían de años anteriores y no le ponían pegas, sabían que no era conflictivo ni peligroso. Algunos le ofrecían cama y comida a cambio de su trabajo y él aceptaba de buen grado. Tenía buena conversación y sabía y entendía de casi todo. Contaba historias al anochecer al calor de la lumbre y sus historias dejaban embobados a pequeños y no tan pequeños que lo oían sin pestañear. Había recorrido casi todo el país, unas veces caminando largos trayectos, otras haciendo autoestop en carreteras casi desiertas, siempre en movimiento. No hablaba nunca de su familia, ni de su casa, nunca contó si tenía hermanos o si sus padres aún vivían.

Cuando empezaba a apretar el calor, se iba despojando progresivamente de la ropa que le iba estorbando, no guardaba nada, lo daba por inservible, lo tiraba y seguía su camino. Terminaba llevando un pantalón corto y una camisa, o cualquier camiseta de tirantes que encontrara al paso en cualquier tendedero al aire libre por donde pasara. Cuando se acercaba esa época del año, procuraba irse acercando a lugares de la costa, cerca de las playas y allí pasaba esa temporada. A veces se mezclaba con pandillas de surfistas en la playa, con hippyes que hacían vida en sus roulottes o incluso en tiendas de campaña y a los que se acercaba al caer la tarde con la escusa de echarse un cigarrito. Le era bien fácil que le hicieran un hueco entre ellos, le invitaban a participar de lo mucho o poco que tuvieran para cenar y terminaban tocando la guitarra alrededor de la hoguera...

Airam E. M.